¿Te has ido de Erasmus? Destácalo en el C.V porque las empresas te buscan


  • 07 de julio de 2019

  • El Pais

BÁRBARA SÁNCHEZ


El 79% de los jóvenes que participan en el programa de movilidad europeo empiezan a trabajar a los tres meses de terminar sus estudios


Las famosas habilidades blandas, o soft skills, son un término que en tiempo récord ha pasado del anonimato a dominar cualquier conversación sobre cómo encontrar trabajo. Especialmente en el caso de los jóvenes. Se les pide conocimiento técnico, sí, pero también que sepan comunicar, adaptarse, trabajar su creatividad… El problema es que en la universidad no hay libros para aprender a trabajar en equipo ni exámenes que evalúen si uno sabe o no empatizar. Las habilidades, por oposición a los conocimientos, se aprenden sobre todo a través de la experiencia. Y no hay experiencia más trascendente en la universidad que hacer un Erasmus. Quien se va unos meses a estudiar en el extranjero, regresa con la mochila llena de buenos recuerdos y también de buenas perspectivas: los jóvenes erasmus tienen más probabilidades de encontrar empleo que aquellos que deciden quedarse en casa, según un reciente estudio de la Unión Europea.



Cada año, 40.000 jóvenes españoles hacen las maletas para pasar una temporada de intercambio en otra universidad europea. España es el primer país receptor de estudiantes (48.595) del programa de movilidad Erasmus —que en 2017 cumplió 30 años— y el tercero en la lista de los emisores, por detrás de Francia y Alemania. Ello a pesar de que la partida española para el programa se ha recortado hasta los 29 millones de euros (menos de la mitad de lo invertido en 2011) y de que las becas, que varían según el destino y están entre los 200 y los 300 euros mensuales, no llegan para cubrir gastos.



“Mi Erasmus fue magia. Te cambia todos los esquemas y te amplía la visión”, resume Laura Fides, de 24 años, su experiencia. Estudió Administración y Dirección de Empresas en la Universitat Politècnica de València e hizo su intercambio en París. A la vuelta, consiguió unas prácticas en China de la forma más inverosímil: buscando en Internet por su cuenta. Ahora ha pedido una beca para el Parlamento Europeo y su próximo paso es estudiar relaciones internacionales. “Las empresas lo valoran porque has sido responsable de ti mismo, tienes más capacidad de lectura del entorno y también de interacción con los demás”.


Laura no es la única que tiene tan claro cómo quiere que sea su futuro. El 70% de los erasmus regresa con más certezas sobre cuál será su destino laboral, según el informe de la Comisión Europea, publicado en mayo y que mide el impacto del programa a partir de 77.000 encuestas. Además, parten con ventaja: el 79% encuentra trabajo en menos de tres meses tras haber terminado sus estudios, cuatro puntos más que en el caso de los universitarios que no salen de su país.


Tienen también mejores perspectivas para crecer profesionalmente, mayor reconocimiento y una mejor disposición a desarrollar una carrera internacional, según este mismo estudio. Ese es precisamente el primer paso que dio Arturo Marqués, de 22 años. Tras estudiar Ciencias Políticas en la Universidad Complutense de Madrid y hacer un Erasmus en Copenhague, al terminar optó por irse siete meses a trabajar en Finlandia. Ahora está a punto de entrar en la Escuela Diplomática. “Vuelves con mucha más capacidad de adaptación al entorno, de comunicación y de responsabilidad. No hay nadie a cargo de ti, tienes que tomar tus propias decisiones”.


“Los datos demuestran que los alumnos que participan en programas de movilidad internacional acceden más rápidamente al empleo, están menos tiempo en paro y son más valorados por las empresas”, secunda Alfonso Jiménez, socio director de PeopleMatters. Esta consultora de recursos humanos creó hace 11 años el programa Recruiting Erasmus para poner en contacto a universitarios erasmus y empresas en busca de jóvenes con experiencia internacional. En los últimos cuatro años, han registrado un incremento del 133% en las búsquedas de este tipo de perfiles. “Se debe a la situación del mercado”, explica Jiménez. “En la última década hemos perdido un 20% de jóvenes. Al mismo tiempo, hay un proceso de renovación en las empresas porque se empiezan a jubilar muchos baby boomers”.


¿Pero por qué el perfil erasmus despierta un especial interés en los equipos de recursos humanos? La primera palabra clave que lo explica es habilidades. “Cuando un alumno sale fuera, empieza a desarrollar ciertas competencias diferenciales que le van a acompañar toda su vida profesional”, desgrana Jiménez. “Eso hace que sea muy útil para las empresas recurrir a estos perfiles. Y también es algo muy importante en España, donde tenemos el problema de que los jóvenes se van muy tarde de casa”.


Un Erasmus es una puerta abierta a viajar y a saborear la independencia por primera vez. Pero la libertad conlleva responsabilidad. Y madurez. De forma casi inconsciente, se empiezan a desarrollar todas esas competencias que hoy se exigen una y otra vez en cualquier oferta de trabajo. El idioma se da por hecho. Pero también entran en juego la flexibilidad, la adaptabilidad, la capacidad de resolver problemas y gestionar situaciones complejas. Y, por supuesto, la diversidad. “Trabajan y viven con gente diferente, por lo que aprenden a entender otros puntos de vista”, asegura Pablo Flores, director de talento y liderazgo en Heineken. “Eso se traslada a la empresa, pues nos movemos en un contexto en el que todo es cada vez más incierto y las soluciones son más complejas. Los equipos que ganan son aquellos integrados por personas diversas”.


¿UN AÑO DE FIESTA?

Es el mito que rodea al programa Erasmus. Varios meses solo en otro país y con suficiente tierra de por medio equivale automáticamente a un curso de fiesta en lugar de a un curso de estudios. ¿O no? Arturo Marqués, de 22 años y erasmus en Copenhague, niega la mayor. “Es cierto que hay gente que va con esa mentalidad, pero al menos en los países del norte te lo tienes que tomar muy en serio. El sistema educativo te hace sentirte totalmente responsable y tienes que dar lo máximo de ti”.


“Es una idea preconcebida que nos tendríamos que cargar entre todos”, critica Pablo Flores, director de talento y liderazgo de Heineken. “De lo que no se habla es de esa persona que tiene que trabajar para completar la beca. O del estudiante al que no le convalidan algunos créditos y tiene que hacer un ejercicio fastidioso para que la experiencia académica le cuente… Además, el día tiene 24 horas. Alguien me tiene que explicar por qué es incompatible aprender y aprovechar la experiencia con pasárselo bien y disfrutar”.


Marta Muñiz, decana de la facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación de la Universidad Europea, resume la ganancia en tres conceptos: “Inteligencia cultural, desarrollo de una madurez que les permite enfrentarse a los problemas con más soltura y un mayor compromiso, en todos los ejes: político, social, medioambiental…”. Esa mezcla, explica, les convierte en futuros profesionales más completos, “con habilidades que van más allá de la aplicación práctica de los conocimientos que adquieren en la carrera”.


Habilidades hacia fuera, pero también hacia dentro. Los erasmus vuelven a casa con un chute de autoestima. El estudio de la Comisión Europea mide el comportamiento de los estudiantes, antes y después del Erasmus, en cuatro áreas —confianza en sí mismos, orientación a objetivos, apertura cultural y apertura social— y lo compara con el de los alumnos que se quedan en casa. Antes de irse, los jóvenes que hacen las maletas ya son “excepcionales en su apertura hacia nuevas ideas, tienen más tolerancia hacia otras culturas y están más dispuestos a conocer gente nueva”, asegura el estudio. Durante su estancia, los niveles de autoestima crecen de forma significativa.


La segunda palabra que explica por qué las empresas ven con buenos ojos a los erasmus es experiencia. Y enlaza con ese salto de lo teórico a lo práctico que toca que dar en un primer trabajo. Porque si los conocimientos se aprenden en el aula, con los libros y los exámenes, ¿ocurre lo mismo con las habilidades? “De la parte de conocimientos no se escapan, es mucho más controlable. Pero cuando salen fuera desarrollan unas competencias y unos valores que no tienen por mucho que tú intentes provocarlo en el aula”, explica Marta Muñiz, de la Universidad Europea.


En esa dicotomía entre conocimientos y competencias en la que se mueve el mercado laboral, los erasmus han encontrado su tormenta perfecta. “Hemos visto un cambio en la demanda de profesionales que hoy tienen las empresas”, abunda Muñiz. El acceso al conocimiento, explica, se ha democratizado. Internet ha abierto el abanico de herramientas para aprender, mientras que la velocidad que imprime tecnología obliga a estar en un aprendizaje continuo y de por vida. “Pero para que eso ocurra, necesitas tener una serie de aptitudes y competencias. Por eso hoy las empresas necesitan garantizar, más que el conocimiento, las competencias y las habilidades profesionales”.


“Tener una experiencia internacional es determinante en un proceso de selección de un candidato en prácticas. Las empresas lo valoran muy por encima del expediente”, afirma Carmen Palomino, directora de talento de la Fundación Universidad-Empresa. ¿Pero cómo traducir toda esa experiencia en un currículum o en una entrevista? Los expertos apuntan que lo importante es focalizarse en aquello que has aprendido durante el Erasmus, más allá de lo puramente académico. Los aciertos, los errores, las ganancias y los obstáculos.


“Siempre empiezo una entrevista con esa pregunta. Ya sé que te lo has pasado bien pero, ¿qué es lo que has aprendido?”, señala Patricia Martín de la Riva, del área de talento Altadis, que recurrió a Recruiting Erasmus hace unos años, cuando la transformación de la compañía de monopolio a multinacional les obligó a tener en cuenta el factor internacional en sus procesos de selección.


Se trata, por un lado, de identificar ese valor añadido que has adquirido en tu Erasmus para codificarlo en habilidades que te diferencien del resto de candidatos. Y por otro, de hacer un poco de estudio de mercado. “Hay que identificar también en qué empresas te interesa trabajar, conocer lo que piden y pensar en cómo puedes satisfacerlo”, apunta Alberto Martínez, director académico del campus de Madrid de la escuela de negocios ESCP Europe, en la que sus alumnos se mueven durante sus estudios entre los seis países en los que el centro tiene sede.


La madurez, en todo caso, se nota. “Lo que pasa con los erasmus es que se desarrollan, maduran y tienen ese cambio transformacional. Y eso se ve en la entrevista. Tienen un punto de autoconfianza y de empatía con el interlocutor que se nota”, asegura Marc Calero, director de planificación y cultura del Banco Sabadell. “Este programa concentra un tipo determinado de jóvenes. Si lo miras desde la óptica de la formación tradicional, es como si para buscar abogados fueras a la facultad de Derecho. Así que si buscas gente con perfil inquieto y diverso, aquí hay un grueso relevante”.


La mejora no es, sin embargo, automática. No basta con poner un pie fuera, hay que enfocar bien la experiencia. “Los aprendizajes pueden ser muy diferentes. A lo mejor hay quien ha estado en un grupo más cerrado de españoles y ha tenido menos exposición. Pero luego te encuentras con alguien que se ha ido al último pueblo de Finlandia, donde la vida se lo ha puesto un poquito más difícil”, explica Pablo Flores, de Heineken. “No hace falta a irse a un sitio muy glamuroso, la experiencia que puedes tener en un rincón perdido puede ser mucho más potente en términos de empleabilidad”.

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