El edadismo laboral: cuando la fecha de nacimiento pesa más que el talento

Publicada el 22 de febrero de 2026. Fuente: Segoviaempleo


El edadismo laboral: cuando la fecha de nacimiento pesa más que el talento

El mercado laboral español habla mucho de innovación, de competitividad y de atraer talento. Sin embargo, hay una realidad incómoda que sigue operando en silencio y condicionando miles de trayectorias profesionales: el edadismo laboral. Una discriminación que no siempre se nombra, pero que se siente con fuerza cuando la edad empieza a cerrar puertas antes incluso de cruzarlas.

Los datos son claros y preocupantes. Casi la mitad de las personas encuestadas en un reciente estudio elaborado por Cruz Roja Española reconoce haber sufrido discriminación por edad en algún momento de su vida laboral. Y lo más llamativo es dónde ocurre: en la fase más temprana y decisiva, la búsqueda de empleo. En la mayoría de los casos, el descarte llega antes de la entrevista, antes de demostrar capacidades, experiencia o motivación. Basta una fecha de nacimiento.


La experiencia como lastre y la juventud como sospecha

El edadismo no actúa igual para todos. Las cifras muestran una brecha evidente: mientras que algo más de una cuarta parte de las personas jóvenes afirma haberse sentido discriminada por su edad, el porcentaje se dispara entre quienes superan los 45 años. En este grupo, más de la mitad reconoce haber vivido situaciones de exclusión directa en procesos de selección.

El mensaje implícito es demoledor: la experiencia, lejos de ser un valor, se convierte en un problema. A partir de cierta edad, el mercado parece asumir que la persona es “demasiado mayor”, “poco adaptable” o “desactualizada”, aunque nada de eso se haya comprobado. Paradójicamente, en un país que envejece y donde la población activa senior es cada vez más numerosa, se sigue penalizando justo a quienes sostienen gran parte del conocimiento y la estabilidad de las organizaciones.

Eso no significa que las personas jóvenes queden al margen. También ellas cargan con estereotipos persistentes: falta de compromiso, escasa responsabilidad o inexperiencia crónica. El resultado es un mercado laboral que desconfía de casi todas las edades, pero castiga con especial dureza a quienes superan la barrera simbólica de los 45.


Un problema tan extendido como invisible

Uno de los aspectos más reveladores de los datos es el desconocimiento social del propio concepto. La mayoría de las personas no sabía qué era el “edadismo” antes de participar en el estudio. No porque no lo hubieran sufrido, sino porque está tan normalizado que cuesta identificarlo como discriminación.

Cuando algo se asume como “lo normal”, deja de cuestionarse. Y eso es precisamente lo que ocurre con muchas prácticas habituales en selección de personal: límites de edad implícitos, currículos descartados por sistema o la idea de que ciertas etapas vitales ya no encajan en el mercado. La discriminación existe, pero no siempre tiene nombre.


Mitos que no se sostienen

Buena parte del edadismo se apoya en creencias que no resisten un análisis serio. Se sigue asociando la madurez con bajo rendimiento, resistencia al cambio o incapacidad para aprender. Sin embargo, la evidencia desmonta estos tópicos una y otra vez. La edad no determina la productividad ni la capacidad de adaptación.

Lo que sí confirman numerosos estudios es algo que rara vez se pone en valor: las personas con más experiencia suelen mostrar mayores niveles de compromiso, fiabilidad y estabilidad. Justo los atributos que muchas empresas dicen buscar. Aun así, se sigue descartando talento por un criterio tan arbitrario como la edad.


El impacto que no se ve: autoestima y exclusión

Más allá de los números, el edadismo deja huellas profundas. Perder el empleo o no encontrarlo a partir de cierta edad no es solo un problema económico; es un golpe directo a la identidad personal. Muchas personas describen una sensación de invisibilidad, de dejar de contar para la sociedad de un día para otro.

A esto se suma un fenómeno especialmente dañino: el autoedadismo. Cuando los mensajes externos se repiten lo suficiente, acaban interiorizándose. Algunas personas terminan creyendo que ya no valen, que no merece la pena intentarlo o formarse, reforzando así el círculo de exclusión. No porque sea cierto, sino porque el entorno se lo ha hecho creer.


Cambiar la mirada: una urgencia social y económica

Combatir el edadismo no es solo una cuestión de justicia social. Es una necesidad estratégica. La diversidad generacional en los equipos mejora la innovación, la cohesión y la capacidad de respuesta ante los cambios. Sin embargo, para que eso ocurra, hace falta un cambio cultural profundo.

Eliminar filtros de edad en las ofertas de empleo, apostar por currículos ciegos, fomentar la formación continua y promover espacios de aprendizaje mutuo entre generaciones son pasos imprescindibles. No se trata de que las personas tengan que “reinventarse” constantemente, sino de revalorizar lo que ya saben y adaptarlo a un contexto cambiante.

España envejece, y lo seguirá haciendo. Ignorar a más de la mitad de su población activa no es una opción. La edad no debería ser una barrera, sino una ventaja competitiva. Convertir esa idea en una realidad es uno de los grandes retos del mercado laboral actual.


En Segovia Empleo sabemos que el edadismo es una realidad que muchas personas viven en primera persona. Por eso trabajamos cada día para acompañar, orientar y apoyar a quienes buscan una oportunidad laboral, independientemente de su edad. 


Porque sabemos que el talento no caduca, la experiencia suma y cada etapa vital tiene mucho que aportar. Frente a un mercado que a veces excluye, seguimos apostando por abrir caminos, generar confianza y demostrar que la edad nunca debería ser un límite para volver a empezar o seguir creciendo.

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